viernes, 15 de diciembre de 2017

Gaia es un organismo no darwinista


Por CARLOS DE CASTRO CARRANZA

El descubrimiento más importante que ha hecho la Ciencia a lo largo de su historia es simple: ¡El Universo evoluciona! ¿En qué sentido evoluciona? Pues partiendo de una sopa más o menos informe de energía y materia, se han creado estructuras complejas como las galaxias, con estrellas y sistemas «solares», con planetas con estructuras tan hermosas y complejas como las bandas de la atmósfera de Júpiter, los volcanes de Io (una de sus lunas) o la propia Tierra.

En un rinconcito de este Universo, al menos, ha evolucionado el ser más complejo que hoy conocemos: Gaia. Esto es un hecho, una observación. El Universo se ha complicado, al menos en algunos de sus puntos. Ha evolucionado. Sin embargo, a pesar de ello, la Ciencia no se ha embarcado en la empresa de buscar la ley o leyes que rigen esa evolución, esa tendencia a formar estructuras cada vez más complejas.

En la superficie de la Tierra, ha habido un proceso similar al del Universo. Se ha complicado en algunos de sus puntos. En cuanto a la vida, sabemos que procedemos de uno o unos pocos ancestros comunes, bacterias o quizás comunidades de bacterias y virus; seres muy sencillos si los comparamos con nuestro ombligo, pero muy muy complejos si los comparamos con una molécula de agua.

Debemos reflexionar porqué la tendencia hacia lo complejo se ha casi ignorado desde Darwin en las ciencias biológicas. De hecho, tanto en Cosmología como en Biología, se prefiere incluso negar algo que es tan obvio.

El darwinismo no puede explicar esa tendencia hacia organismos más complejos, ni su persistencia. La evolución biológica no paró con las bacterias, ni con las células eucariotas (las que componen nuestros cuerpos), ni con los primeros organismos pluricelulares. Para todos es obvio que una célula de mi cerebro es más compleja, midamos como midamos la complejidad, que una bacteria. Y para todos es obvio que una medusa es menos compleja que una rana o una orquídea.

Por supuesto el darwinismo tampoco puede explicar la aparición del primer ente replicante (no había nada que seleccionar) y desde el Big-Bang hasta ese primer reproductor está claro que hubo una evolución no biológica adarwinista. Es decir, ha habido evolución sin darwinismo. Primera conclusión: el darwinismo no es toda la historia de la evolución en este universo, y por tanto, deben existir leyes que rijan esa tendencia observada al incremento de la complejidad. Estas leyes serán comunes (por ser básicas) tanto a la evolución de las galaxias como a la evolución de las bacterias.

Y la evolución biológica tampoco se da sólo en lo que los biólogos denominan organismos. ¿Qué pasa con los ecosistemas? ¿Están evolucionando también? Recordemos que fueron considerados por los primeros ecólogos como organismos o super-organismos. ¿Qué es una colonia de abejas, hormigas o termitas? ¿No es la propia colonia una especie de organismo? Desde el darwinismo, ¿Qué se seleccionaría, a las hormigas o a las colonias de hormigas? ¿No son las hormigas como células de la colonia? ¿No trabajan e incluso se sacrifican por el bien de la colonia? ¿Quién se reproduce, la hormiga obrera —estéril— o la colonia? ¿Quién, pues, evoluciona?

Por otro lado, tenemos la teoría Gaia. La idea o hipótesis inicial de Lovelock, desde el punto de vista metafórico al menos, era ver a la Tierra, o mejor, a la zona de influencia de la vida sobre la Tierra, como si de un organismo vivo se tratase, capaz de regular sorprendentemente bien la composición de la atmósfera, los océanos y la litosfera. A ese ente lo llamó Gaia.

Pero Gaia no podía ser un producto de la teoría de Darwin, y como algunos científicos piensan que esta teoría es completa, pues hicieron algunas críticas a Gaia, ya que ésta hacía intervenir a seres vivos.


Sin embargo, Lovelock se resistió desde el principio a subsumir a Gaia dentro de Darwin. Para él de hecho es una ampliación del darwinismo. Y lleva ya 40 años tratando de hacer compatible su teoría con la de Darwin. Sin conseguirlo. El primer problema es que lo que hace Gaia es contrario a lo que se supone que hacen los organismos desde el darwinismo:

Los organismos se adaptan a su medio ambiente por medio de la competencia y la selección natural según Darwin. Pero Gaia lo que hace es adaptar el medio ambiente para sí misma (y para los organismos que habitan en la biosfera), con lo que son dos fuerzas diametralmente opuestas. Si te adaptas no tienes que adaptar el medio. Si adaptas el medio (tecnología) ya no hay necesidad de adaptación.

El resultado final va a ser que Selección Natural y Gaia no son compatibles.

Curiosamente la solución ante esta contradicción no es minimizar la teoría de Gaia, como se ha hecho, sino la del darwinismo y con él el neodarwinismo. Además, hay que hacer a Gaia mucho más fuerte que lo que se ha atrevido a hacer de ella el mismo Lovelock (quien ha ido reculando poco a poco en estas últimas cuatro décadas).

La intuición inicial de Gaia, como organismo, resulta ser la que a mi modo de ver, mejor encaja con los hechos observacionales (del evolucionismo y de la ecología). Es decir, Gaia es un organismo evolutivo de pleno derecho, como lo puede ser una colmena o un termitero.

Y como tal organismo es un ser teleológico, es decir, que posee propósitos. Igual que decimos que una cigüeña recoge ramas con un propósito muy claro (hacer un nido para criar), igual que decimos que la colmena fabrica jalea real con un propósito muy claro, e igual que identificamos propósitos en todos los seres vivos (conscientes de sus actos o no), lo mismo pasará con un ser como Gaia con todas las propiedades esenciales que identificamos con un ser vivo, con un organismo.

(2011)

sábado, 9 de diciembre de 2017

¿Bandera o estandarte majnovista? Pues... NO


Cuando hablamos —y por aquí bastante— de la Revolución Rusa de 1917 (ya que estamos en su centenario) siempre nos gusta recordar lo que pasó en aquellos años en el sudeste de Ucrania. Los campesinos ocuparon tierras, se autoorganizaron y llegaron a formar bandas armadas para defenderse. Entre estos grupos sobresalió el de la gente de Guliay-Polie, encabezados por Nestor Majnó, un anarquista ucraniano que logró unir a todos los grupos guerrilleros. El cual combatió tanto a los blancos como a los bolcheviques, como también a los nacionalistas ucranianos, y en 1918 a los invasores austro-alemanes. Organizaron un territorio autogestionado entre el Bajo Dnieper y el mar de Azov, y constituyeron comunas libres, hasta que fueron derrotados, traicioneramente al final, por el Ejército Rojo en 1920.

Una de las imágenes más conocidas que tenemos de ellos es esta foto con dos 'guerrilleros' sujetando un estandarte negro con una calavera, que pone algo así (en ucraniano): «MUERTE A LOS QUE IMPIDAN LA LIBERTAD DE LOS TRABAJADORES». Y durante muchos años hemos considerado como su bandera.

La foto se dió a conocer en un libro ruso de 1926, escrito por el comunista Z.S. Ostrovsky, titulado Pogromos judíos: 1918-1921, libro que trata sobre el antisemitismo y las matanzas de judios cometidas en aquellos años. Y en en este escrito se acusa directamente a Majnó y su gente de pogromistas. Fiel al discurso dominante en aquellos años para desacreditar a los opositores a la dictadura bolchevique.


Majnó, en su momento, escribió en el exilio, publicada en 1927 en el periódico Dielo Trudá, una carta dirigida a todos los judíos en la cual explicaba que nunca fueron antisemitas y ni protagonizaron ningún pogromo, y añade, además, que la foto de la página 100 en la que sale la bandera negra con la calavera no era de su movimiento. En otras palabras, que la bandera nunca fue majnovista. Fallo nuestro debido a que en el sexto párrafo pone 'cabeza humana' en la traducción original en castellano del manifiesto, en vez de 'calavera' (tête de mort) que sí pone el texto en francés. Aunque sea cierto que portasen banderas negras con lemas revolucionarios, pero, sin calaveras.

Entonces ¿de quién es la susodicha banderita (o estandarte)?

Hace unos años (por el 2011) se hizo pública otra foto, y el subdirector del Museo Nacional de Historia Militar de Ucrania, el escritor Yaroslav Tinchenko (¡más tarde en uno de sus libros, creo?), nos dijo que era de otra gente. Foto en la que se ve a los mismos soldados que han dado la vuelta al estandarte y se lee en el reverso (con faltas de ortografía): Наддніпрянській кіш («Naddnipriansky kish»), la unidad militar a la que pertenecían.


Con 'kish' se refiere a un destacamento regional como se agrupaban los llamados Cosacos Libres, aunque no fuesen verdaderos cosacos (originalmente 'kish' era el nombre de los campamentos cosacos, que más tarde fue adoptado, durante los años de la Revolución rusa, por las unidades militares nacionalistas ucranianas). Los campesinos ucranianos de la zona de Kiev y aledaños, constituyeron también grupos armados y usaron rasgos culturales de su pasado histórico cosaco. Los Cosacos Libres más que militares ejercieron funciones parapoliciales entre los años 1917-18. Mantuvieron sus vínculos con la Rada Central, el parlamento ucraniano controlado por partidos socialistas antibolcheviques que fue la primera fase de la llamada República Popular de Ucrania, hasta el golpe de Estado del hetman Skoropadski apoyado por los ocupantes austro-alemanes.

Y 'Naddnipriansky' es el nombre de la región del curso medio del Dnieper en el que están los orígenes de este país, territorio fronterizo entre los imperios moscovita, polaco y turco controlado por cosacos, los cuales se mezclaron con campesinos eslavos y fueron los antepasados de los actuales ucranianos. Más tarde, también era uno de los nombres por el que se conocía al Ejército Popular Ucraniano, durante el Directorio de Petliura (después de ocho meses de gobierno títere de las Potencias Centrales del hetman Skoropadski, vino en 1919 la segunda fase de la República Popular de Ucrania, ya menos socialista y más nacionalista). Ejército que mantuvo los nombres de origen cosaco para sus oficiales y unidades. Y ejército en el que terminaron formando regimientos de caballería los llamados Cosacos Libres. Se tiene conocimiento de la pasividad de las autoridades ucranianas petliuristas ante los desmanes producidos por sus tropas contra la comunidad judía en esos tiempos, además de los pogromos cometidos por el Ejército Blanco de Denikin (apoyado por la Entente) en su avance por Ucrania y el sur de Rusia.

En pocas palabras, el estandarte no es majnovista sino 'cosaco', mejor dicho, es petliurista (nacionalista ucraniano); porque las verdaderas huestes cosacas estaban en las fronteras rusas del Cáucaso, Siberia y Asia Central —entre los cosacos también había de todo, desde conservadores hasta revolucionarios, no eran exclusivamente derechistas como se cree—. Y la acusación de antisemitas está más en la linea de los petliuristas que de los majnovistas. Majnó ya nos lo dijo, y poco caso se le hizo, se merece algo de justicia.

KRATES

viernes, 1 de diciembre de 2017

¿El yeti? Un oso de las altas montañas de Asia, según análisis de ADN


Por MARLOWE HOOD

La genética lo desenmascaró: el yeti, el «abominable hombre de las nieves» que ha alimentado la leyenda durante décadas, es en realidad un oso de las altas montañas de Asia, según un estudio publicado el miércoles.

Aunque para ser exactos, el temible ser corresponde a tres tipos de osos [y solo dos especies]: el negro asiático, el pardo tibetano y el pardo del Himalaya, todos ellos habitantes de los Himalayas.

«Nuestro hallazgo apunta a que los elementos biológicos que sustentan la leyenda del yeti corresponden a osos locales», indicó Charlotte Lindqvist, que dirigió el estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B.

Aunque no es el primero que reduce el mito del yeti a un oso, el informe reunió por primera vez una gran cantidad de pruebas genéticas procedentes de huesos, dientes, piel, pelo y muestras fecales atribuidas a la legendaria criatura.

Todos estos elementos —procedentes de colecciones privadas y de varios museos en el mundo— correspondían en realidad a 23 osos, pertenecientes a las tres subespecies mencionadas.

Más allá de desmontar un mito, la reconstrucción del genoma completo mitocondrial de cada ejemplar permitió revelar importantes factores sobre estos carnívoros y su evolución.

«Los osos pardos que deambulan en las grandes altitudes del Altiplano Tibetano y los que se hallan en las montañas occidentales de los Himalayas pertenecen en realidad a dos poblaciones separadas», dijo a la AFP Lindqvist, profesora asociada de la universidad neoyorquina de Buffalo College of Arts and Science.

«Se separaron hace 650.000 años, durante el periodo glaciar», añadió.

Ambas subespecies probablemente permanecieron aisladas entre ellas, pese a hallarse relativamente próximas.

El oso pardo del Himalaya, cuyo color de pelo rojizo es más suave que el del pardo tibetano, está considerado como en peligro «crítico» de extinción por la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Seducidos por el misterio

Durante el siglo XX, la fascinación de Occidente —sobre todo de Estados Unidos y Gran Bretaña— por la leyenda del yeti fue intensa.


En un libro que narra su expedición por el paso de Lhagba-La cerca del Monte Everest en 1921, el teniente coronel Charles Howard-Bury describe «huellas que parecen más bien las de un hombre descalzo».

Aunque las atribuye a un gran lobo desplazándose a zancadas sobre la nieve, sus guías aseguran que se trata de un «metoh-kangi», es decir, «un hombre-oso de las nieves».

El informe en 1925 de un miembro de la Royal Geographical Society alimenta el misterio, al asegurar haber visto una silueta parecida a la de un hombre cruzando un glaciar a una gran altitud.

Al menos dos expediciones fueron organizadas en los años 1950 con el objetivo de encontrar al yeti, mientras las reivindicaciones sobre su supuesta existencia se extendieron a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

«Aunque no hay ninguna prueba» de que haya criaturas cuya existencia es cuestionada, «es imposible descartar por completo que existan», dijo Lindqvist. «A la gente le encanta el misterio».

29 noviembre 2017

domingo, 26 de noviembre de 2017

Una nueva hipótesis reescribe el origen de la vida en la Tierra

 

La hipótesis del péptido de ARN propone una explicación sencilla que contradice las postulaciones comúnmente aceptadas sobre la biogénesis


¿Cuál es la receta de la vida? Nadie sabe a ciencia cierta cómo, ni exactamente cuándo, (ni siquiera dónde, si aquí en la Tierra o en otro lugar del vasto universo) una serie de reacciones químicas dieron lugar a las primeras formas de vida. Pero ahora, una investigación realizada en conjunto por la Universidad de Carolina del Norte y de la Universidad de Auckland ha elaborado una nueva hipótesis, que expone en detalle cómo se cocinó la vida.

Según el artículo, publicado en la revista Molecular Biology and Evolution, la vida se originó en una perfecta simbiosis entre ácido nucleico (las instrucciones genéticas para todos los organismos) y unas proteínas llamadas péptidos (unión de varios aminoácidos) de ARN.

Y, ¿por qué es innovadora esta conclusión? Contradice la hipótesis más ampliamente aceptada por los científicos; no obstante, se apoya en sólidas pruebas de laboratorio.

Hasta este momento, la mayoría de los científicos estaban de acuerdo en que la vida se originó a partir de ácidos nucleicos, y que más tarde evolucionó incluyendo proteínas, lo que se llama la hipótesis del mundo de ARN. En cambio, la nueva hipótesis afirma que esta 'pequeña proteína' (péptido de ARN) ya formaba parte del caldo primordial que dio lugar a la vida, lo que se ha denominado hipótesis del péptido de ARN.

«Hasta ahora, se pensaba que era imposible realizar experimentos para penetrar en los orígenes de la genética», según uno de los autores principales del estudio, el doctor Charles Carter, profesor de bioquímica y biofísica. «Pero ahora hemos demostrado que los resultados experimentales combinan muy bien con la hipótesis del péptido de ARN. Estos experimentos proporcionan respuestas bastante convincentes a lo que sucedió al comienzo de la vida en la Tierra».

Según los investigadores, estas 'superfamilias' de enzimas, los péptidos, poseen atributos especiales; estos atributos, les permiten establecer un sistema de retroalimentación con los primeros genes, que habría impulsado la biología temprana y las primeras formas de vida, hasta dar lugar a la diversidad y complejidad que hacen posibles los organismos multicelulares.

Como mostraron las pruebas de laboratorio del profesor Carter, los ancestros de estas familias de péptidos estarían codificados por hebras complementarias. Una disposición que resulta bastante simple, con un código inicial de solo dos aminoácidos. Esta simplicidad sugiere que esta estructura debió darse en una etapa muy temprana de la biología, en los albores de la misma.

«Estos péptidos interdependientes y los ácidos nucleicos que los codifican podrían haber ayudado mutuamente a la auto-organización molecular a pesar de las constantes interrupciones al azar que afectan a todos los procesos moleculares», explica Carter. «Creemos que esto es lo que dio lugar a un mundo de péptido de ARN a principios de la historia de la vida en la Tierra».

Las carencias de la hipótesis del mundo de ARN

La hipótesis de mundo de ARN, la más comúnmente aceptada sobre la biogénesis en la comunidad científica, trae consigo ciertas carencias y problemas irresolubles, que la nueva hipótesis del péptido de ARN barrería de un plumazo. Es más, para el profesor Wills, otro de los autores principales del estudio, la suya es «una teoría mucho más simple y probable del origen de la vida».

La principal carencia de la ampliamente aceptada teoría del mundo del ARN es que siendo un misterio cómo los bloques de construcción de aminoácidos (las proteínas) se ensamblaron por primera vez. Se postula que el ARN, la molécula que desempeña actualmente funciones en la codificación, regulación y expresión de genes, surgió de este caldo primordial de aminoácidos y sustancias químicas cósmicas, y finalmente dio lugar primero a proteínas cortas llamadas péptidos, y luego a organismos unicelulares.

Pero Carter y Wills argumentan que el ARN no puede impulsar este proceso por sí solo, dado que carece de una propiedad que ellos llaman «reflexividad». El ARN necesitaba péptidos para formar el circuito de retroalimentación reflexiva necesario para conducir finalmente a las formas de vida.

Por ello, según ellos, al principio, había péptidos…

Laura Marcos


 Peter R. Wills y Charles W. Carter. «Insuperable problems of the genetic code initially emerging in an RNA world». Molecular Biology and Evolution. Doi.org/10.1016/j.biosystems.2017.09.006dado

lunes, 20 de noviembre de 2017

Por una visión más unitaria de la Naturaleza


Por STEFANO MANCUSO

La extrema especialización del conocimiento, por citar sólo uno, nos ha llevado a dejar de percibir la unidad de los seres vivos y de sus relaciones. Te pongo un ejemplo. Si hoy en día tuviera que presentarte a alguien que conozca las plantas, difícilmente te señalaría a una persona cuyo oficio consiste en investigar sobre las plantas. Uno de mis colegas, en pocas palabras. Se trata de una paradoja que se resuelve con facilidad si pensamos que quienes estudian el mundo vegetal ya no son el típico señor o señora obsesionados con su constante y apasionada investigación sobre las plantas en su ambiente natural. Qué va, esas personas están en vías de extinción. ¡Quedan tan pocas que deberían estar protegidas por alguna ley especial! La inmensa mayoría de quienes trabajan con organismos vegetales son biólogos moleculares. Son científicos que no estudian las plantas en su integridad, como seres vivos dotados de una vida articulada y compleja, sino que, por el contrario, indagan en aspectos concretos de las relaciones genéticas o de las interacciones moleculares, cosas que podrían estudiarse, y se estudian, en las levaduras, los humanos o las plantas. Se trata de estudios fundamentales y necesarios, pero que difícilmente influyen o arrojan luz nueva sobre la concepción misma que tenemos de los organismos vegetales y del lugar que ocupan en el mundo.

Hoy en día, si queremos comprender de verdad qué hace una planta, qué necesita, cuáles son sus relaciones con las otras plantas o con los animales, lo mejor es que nos dirijamos a alguien que las críe, que las cultive y que conviva con ellas, y no a un biólogo molecular, que, por definición, no estudia el conjunto, la unidad del organismo y de sus relaciones naturales.

Esta especialización extrema es consecuencia directa de los cánones introducidos por la modernidad. Por un lado, nos ha llevado a descubrimientos científicos de enorme calado que nos han permitido profundizar en nuestros conocimientos como nunca antes había sido posible; pero por el otro, nos ha desviado y alejado del estudio unitario de la vida. Paradójicamente, esto hace que seamos menos capaces que antes de teorizar, una actividad a la que sólo puede dedicarse quien tiene horizontes amplios. Así, la enorme masa de pequeños datos que hoy provienen de la investigación a menudo corre el peligro de quedar inutilizada, puesto que no sabemos enmarcarla en una perspectiva más general. Porque los seres vivos —debería ser superfluo repetirlo otra vez— no son la suma de las reacciones particulares que los componen, sino algo mucho más complejo.

Si extendemos este razonamiento del individuo a todo el ecosistema, nos daremos cuenta de que tenemos la urgente necesidad de reapropiarnos de un método más sistémico para comprender las cosas que estudiamos.

Biodiversos
(2015)

jueves, 16 de noviembre de 2017

Más de 15.000 científicos lanzan un nuevo aviso para proteger la Tierra


  En noviembre de 1992, 1.700 científicos, incluidos varios premios Nobel, lanzaron una advertencia a la humanidad: las actividades antropogénicas perjudican seriamente al planeta. A pesar de las recomendaciones para proteger el medio ambiente, 25 años después, más de 15.000 científicos de 184 países hacen otro llamamiento porque las tendencias mundiales no han hecho más que empeorar, salvo en el caso de la capa de ozono.

13 noviembre 2017

El suelo, el agua, los océanos, los bosques, la atmósfera y las especies están amenazados por la actividad humana y con ellos el bienestar de las personas. Conscientes de que el planeta pudiera quedar «irremediablemente mutilado», en noviembre de 1992, la Union of Concerned Scientists lanzó una advertencia a la humanidad, firmada por 1.700 científicos, para intentar revertir los efectos antropogénicos en nueve aspectos del medio ambiente.

Sin embargo, 25 años más tarde, el cambio climático, la deforestación, la pérdida de acceso al agua dulce, la extinción de especies y el crecimiento de la población humana no han hecho más que agravar la situación. Así lo manifiestan ahora más de 15.000 científicos de 184 países en una nueva declaración publicada en la revista BioScience.

Gracias a los datos recopilados, el artículo, liderado por el equipo de William Ripple, de la Universidad del Estado de Oregón (EEUU), advierte del «daño sustancial e irreversible» que está sufriendo el planeta. «Algunos podrían pensar que estamos siendo alarmistas, pero los firmantes de esta segunda advertencia no solo no están lanzando una falsa alarma, sino que están reconociendo que existen señales obvias de que estamos yendo por un camino insostenible», indica Ripple.

El manifiesto recoge algunas de esas señales, entre las que destacan una reducción del 26% en la cantidad de agua dulce disponible por habitante; una reducción en la captura de peces salvajes, a pesar de los esfuerzos; un aumento del 75% en el número de zonas muertas en los océanos; una pérdida de más de 121 millones de hectáreas de bosque; continuos aumentos en las emisiones globales de carbono y en las temperaturas promedio; un aumento del 35% de la población humana; y una reducción del 29% en el número de mamíferos, reptiles, anfibios, aves y peces.

Cuenta atrás de la Tierra

«En este nuevo documento revisamos estas tendencias y evaluamos la respuesta humana posterior al explorar los datos disponibles», subraya Thomas Newsome, investigador en la Deakin University y la University of Sydney (Australia), y coautor del trabajo que logró, a través de las redes sociales, recopilar firmas para esta nueva declaración a la que aún se pueden unir científicos.

El primer documento lanzado hace 25 años permitió generar ciertas presiones públicas para convencer a los líderes políticos a tomar decisiones como el establecimiento de más reservas marinas, fortalecer las leyes contra la caza furtiva y restringir el comercio de la vida silvestre, la mejora de la planificación familiar, y la adopción de energías renovables, entre otros.

En estas dos décadas, no todo ha sido negativo, señalan los autores. La disminución del uso de sustancias químicas que perjudican la capa de ozono y un aumento de las energías verdes demuestran que también se puede avanzar. Además, los investigadores informan que se ha producido un declive en las tasas de fertilidad en algunas regiones del mundo. Y en otras, la tasa de deforestación se ha desacelerado.

«Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de nuestra trayectoria fallida», recalcan los autores, que terminan su documento con un mensaje optimista si afrontan juntos los desafíos ambientales. «Podemos hacer un gran progreso por el bien de la humanidad y del planeta del que dependemos», concluyen.


Referencia bibliográfica:
William Ripple et al. «World Scientists’ Warning to Humanity: A Second Notice», BioScience, 13 de noviembre de 2017.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Cataluña: falsos secesionistas y verdaderos conspiradores


Por THIERRY MEYSSAN

Muchos se imaginan que el independentismo catalán surgió al calor de la resistencia contra el fascismo. Es falso. El primer partido independentista catalán, Estat Català, se fundó en 1922, o sea justo antes de las dictaduras de Miguel Primo de Rivera y de Francisco Franco en España.

También imaginan que su fundador, Francesc Macià quería crear un Estado independiente que nunca había existido para salvar del fascismo la región de Barcelona. Es falso. Macià pretendía anexar Andorra, el sudeste de Francia y parte de la isla italiana de Cerdeña ya que, según él, «Cataluña» se hallaba bajo la opresión de Andorra, España, Francia e Italia.

Muchos imaginan que los independentistas catalanes son pacifistas. Falso. En 1926, Francesc Macià intentó dar un golpe de Estado después de haber reclutado para ello un centenar de mercenarios italianos y haber reunido un ejército.

Muchos imaginan que los independentistas catalanes son históricamente de izquierda. Falso. En 1928, cuando Francesc Macià fundó en La Habana el Partido Separatista Revolucionario de Cataluña, lo hizo con ayuda del dictador pro-estadounidense cubano Gerardo Machado.

Los independentistas catalanes nunca han tenido apoyo de los Estados antiimperialistas. La URSS no los respaldó, ni siquiera durante la guerra de España —a pesar de que Francesc Macià viajó a Moscú [1925] en busca de ayuda soviética y obtuvo entonces respaldo de Bujarin y Zinoviev—. Su máximo resultado en ese sentido fue establecer alianzas con algunos miembros de la III Internacional.


Proclamándose seguidor directamente de Macià, y no de su ex patrón Jordi Pujol, y respaldando así implícitamente el proyecto de anexión de Andorra, y de una parte de Francia y de Italia, Carles Puigdemont nunca trató de disimular que tenía apoyo de los anglosajones. Como periodista, creó una publicación mensual para mantener a sus sponsors al tanto de la evolución de su lucha. Esa publicación no se redacta en catalán ni en español sino… en inglés, se llama Catalonia Today y su esposa, la rumana Marcela Topor se convirtió en su redactora en jefe. Puigdemont dirige además asociaciones que promueven el independentismo catalán, pero no en España sino en el extranjero, con financiamiento del multimillonario George Soros.

Los independentistas catalanes, al igual que sus homólogos luos kenyanos y kurdos iraquíes, pasaron por alto el cambio de inquilino en la Casa Blanca. Apoyándose en el «Parlament» catalán, donde tienen la mayoría de los escaños, aunque obtuvieron una minoría de votos durante su elección, proclamaron la independencia luego del referéndum realizado el 1 de octubre de 2017. Creían poder contar con el respaldo de Estados Unidos y, por ende, con el apoyo de la Unión Europea. Pero el presidente Trump no los apoyó, como tampoco apoyó a los luos kenyanos ni a los kurdos iraquíes. Así que la Unión Europea se mantuvo en contra de su nuevo Estado.

RED VOLTAIRE
31 octubre 2017